Casi una mujer

A simultaneous Spanish-language version, initially translated for classic by
Nina Torres-Vidal

In her new memior, the acclaimed writer of When i used to be Puerto Rican maintains the riveting chronicle of her life.

"Negi," as Santiago's kin affectionately calls her, leaves rural Macun in 1961 to stay in a three-bedroom tenement residence with seven siblings, and inquisitive grandmother, and a strict mom who will not enable her thus far. At 13, Negi yearns for her personal mattress, for privateness, and her father, who is still in Puerto Rico. Translating for Mami on the welfare workplace within the morning, starring as Cleopatra at New York's appearing Arts highschool within the afternoon, and dancing salsa all evening, she additionally seeks to discover stability among being an American and Puerto Rican. whilst Negi defies her mom through occurring a chain of dates, she unearths that independence brings challenges.

At as soon as a universally poignant coming-of-age story and a heartfelt immigrant's tale, Almost a Woman is Santiago's positive trip into womanhood.

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Yo me defendía con patadas, arañazos y puños como los que usaba cuando peleaba con mis hermanas y hermanos, sólo que más duros. Las muchachas me enterraban las uñas en los brazos, l. a. cara, los angeles nuca. Yo lanzaba golpes contra los seis puños que me golpeaban las costillas, las seis piernas que me pateaban las espinillas y l. a. genitalia, las tres bocas dientúas que aullaban, chillaban y escupían, los seis ojos que relucían en los angeles húmeda oscuridad con un feroz odio verde. Me defendí, pero estaba en desventaja y perdí. Quedé con l. a. ropa destrozada y sucia, los brazos raspados, arañados, las piernas llenas de golpes, el pecho y l. a. espalda que me latían del dolor. Mientras peleábamos, ellas me habían gritado en inglés y yo les contestaba en español, las malas palabras que no me permitían decir en casa, pero que ahora me fluían de los angeles boca como el ácido. Me dejaron tirada contra un montón de cartones húmedos, me gritaron lo que me imagino fueron más insultos, aunque no estaba muy segura. No lograba entender qué period lo que querían de mí, ni qué podía hacer para que dejaran de hacerme caso, como antes. No me requemé en el pasillo apestoso. Podía oír las alimañas corriendo por el fondo del edificio abandonado. Me limpié y busqué mis cosas. Cuando salí a l. a. calle, el viejito de los angeles tienda de dulces estaba en l. a. acera. Me llamó para que entrara y me dio un Yoo-Hoo helado. De l. a. parte de atrás apareció su esposa con un paño húmedo, murmurando en un idioma que no period ni inglés ni español y me limpió el sucio y las lágrimas de l. a. cara, sus ojos fríos buscando alguna herida abierta en mis brazos o en mis cachetes. “Esas muchachas,” dijo el viejito y golpeó el mostrador con su mano hinchada. No me miró mientras su esposa me pasaba alcohol en los golpes, lo que hacía que los arañazos y los verdugones me ardieran y me dolieran más. Miraba por los angeles ventana hacia los angeles calle frente a los angeles escuela, alicaído y con una expresión triste en el rostro. “Vete a casa, cuéntale a mamá,” dijo l. a. señora, acompañándome hasta los angeles salida de los angeles tienda. Les di las gracias, traté de mirarlos a los ojos, pero no me miraron. Me hicieron un gesto con los angeles mano, renuentes a aceptar mi agradecimiento. Me arrastré hasta casa, sentía cada paso como agujas en las costillas y las caderas. Mami estaba en el baño cuando llegué, así que me escurrí al cuarto de al frente, me cambié y me puse una ropa que me cubriera los golpes en los brazos y en las piernas, y me pasé el resto de los angeles noche inclinada sobre un libro para que Mami no fuera a ver los arañazos en los cachetes y el labio hinchado. Después de comer, me di un largo baño caliente y ahogué mis sollozos con el chapaleteo del agua y cantando a todo pulmón, corridos mexicanos sobre amores traicioneros y los angeles revolución. Si Mami now notó algo, no dijo nada, ni tampoco mis hermanos o hermanas, cuyas propias luchas con los bravucones habían tenido resultados similares. Durante el resto del año, evité volver a l. a. tiendita de dulces, avergonzada sin saber por qué; l. a. amabilidad de los angeles dueña sin nombre, todavía un peso que no lo aliviaba ni siquiera el hecho de que Lulú no había vuelto a molestarme.

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